La venganza es la
realización de un conjunto de acciones, comportamientos
o pensamientos dirigidos a perjudicar a una persona o colectivo, que es
percibido como culpable o responsable de un daño causado sobre un individuo o
sobre otras personas.
La venganza es una
manera de gestionar las acciones encaminadas hacia una agresión ya sea hacía
uno mismo o alguien conocido, se puede reaccionar en el momento con lo que la
venganza suele ser más explosiva y puede llevar consigo daños colaterales más
intensos, o ser pensada y actuar a medio y largo plazo, planeándola y
aprovechar el tiempo para reduciendo los daños que pudieran surgir, también nos
permite preparar la acción con más recursos y habilidades.
Por otro lado, se ha
visto que las personas con más posibilidades de abrazar comportamientos de
venganza a medio y largo plazo son personas sádicas que disfrutan con el daño
ajeno, ya sea infringiéndoles sufrimiento o disfrutando pensando en cómo
hacerlo.
¿Es lo mismo ser vengativo que justo?
Culturalmente hemos sido educados en que si
hacemos mal se nos devolverá mal, y si somos buenos se nos devolverá bondad,
pero generalmente cuando alguien nos hace daño, el mundo no se pone de acuerdo
para castigar su acción y nos quedamos simplemente con la sensación agria de
que se ha ido de rositas y su comportamiento no va a ser castigado.
Ante esta realidad, la
gana de justicia aparece como una cualidad inherente al ser humano orientada a
crear una sociedad mejor en la que prime el principio de que todas las personas
tienen los mismos derechos y en el que deben existir mecanismos de justicia, defensa
y compensación. Sin embargo, las ganas de venganza no nacen de la voluntad de
hacer un mundo mejor, sino de un sentimiento mucho más visceral y arraigado. No es algo que tenga que ver con una manera de
ver el mundo o con unos deseos de cómo tiene que ser la sociedad, sino que son
producto del odio y del resentimiento.
Así, los deseos de venganza
pueden convertirse en una manera de adentrarse en una dinámica de conflictos
que hace que el problema sea más grande de lo que ya es.
¿Por qué los deseos de venganza son algo negativo?
Más allá de la sensación
de que una vez alcanzada la venganza se va a experimentar un cierto alivio
compensatorio, esta motivación nos va a llevar a una situación que nos aporta ningún
beneficio sino más bien todo lo contrario Estos son algunos de los motivos.
No hay límites para hacer daño, y esta situación
se retroalimenta así misma, cada vez necesitas más dolor personas para causar
más sufrimiento ajeno.
En la venganza solo
existen los límites que uno mismo se pone. Por eso, es fácil ir muy lejos en la voluntad de dañar
a alguien. Las justificaciones van apareciendo ante cualquier indicio de
que se sobrepasan muchos umbrales, y esto puede llevar a una situación en la
que se pierde el control y se produce mucho dolor.
Anulando el presente
La continua obsesión
por estar maquinando la venganza, hace que gastemos mucho tiempo y esfuerzo,
por lo que no disfrutamos del momento presente y dejamos pasar muchas otras
oportunidades que nos harían más felices.
Una vez que ha pasado
esta fase al mirar atrás nos daremos cuenta del vacío con el que vivimos esa época,
y de lo poco productiva que fue. Aparte de no generar para el futuro
expectativas nuevas y productivas.
El comienzo sólo es
principio
Una vez que hemos instaurado esa forma de actuar,
lo vamos a ir usando como ariete para continuar en la relación, siempre habrá un
motivo nuevo para seguir odiando y continuar con esa escalada de violencia, ya
que no existe una motivación concreta y positiva que nos haga mirar la relación
de una forma neutra. Además, para mantener ese estado cada vez vamos a necesitar
más dosis de venganza, y al final no sabemos por donde comenzó el problema y
cuando.
¿Cómo actuar para desenmascarar el estado vengativo?
Ante los deseos de
venganza, lo mejor es optar por una de dos opciones.
1- Buscar distracciones
que ayuden a hacer que los pensamientos intrusivos acerca del problema que
aparecen una y otra vez, no tengan cabida en la mente. Durante esa fase procura
realizar actividades que te hagan mantener la concentración: pasatiempos,
pintar, labores textiles, pasear por lugares difíciles, nadar, recoger moras,
tocar un instrumento musical, recitar poesía, rezar, etc.
Con el cambio de
hábitos, se rompe la tendencia a pensar siempre en lo mismo o a fantasear con
cobrarse la revancha, y eso hace que cada vez los pensamientos recurrentes se
vayan distanciando, estableciendo entre ellos un tiempo de oasis y calma.
2- Puedes utilizar la
venganza de una forma constructiva y positiva. Por ejemplo, aprendiendo
materias nuevas y apuntarse a nuevos cursos, intentar cambiar de trabajo,
cambiando de amistades, etc., en definitiva, fortalecer tu autoestima en vez de
anularla con pensamientos malintencionados, de esta forma tu contrincante
quedara desprestigiado, y tu abra salido adelante, con fuerzas renovadoras.
Usando esta fórmula de
progreso personal sirve como lección para quien no quiso perjudicar, mostrando
que sus intentos de hacernos daño fueron en vano.
En cualquier caso, queda
claro que cada caso es único y la forma de lidiar esta batalla depende de
muchos factores personales; situación económica y personal, sentirse apoyado o
solo, etc., Lo que está claro es que la batalla hay que librarla ya sea de una
manera o de otra, ya que la inacción dejara el asunto en el aire, sin finalizar
y en una cuesta una bicicleta que no se pedalea va hacia atrás.
La venganza ha
formado parte de la humanidad, desde siempre, desde el momento en el que existe
más de un ser humano, hay conductas que, queriendo o sin querer hacernos daño,
nos pueden causar una sensación de irritabilidad y odio.
Lo más
importante de ella es que nos hace movernos y reaccionar ante un hecho que
consideramos injusto, y que sirve para desarrollar partes de nosotros mismos
que desconocíamos.
Ante un acto de violencia, para evitar generar venganza, te recomiendo apliques la Meditacion Metta de la Bondad Amorosa.
¡Aprovecha la
venganza para sacar lo mejor de Ti!
Escrito por Psicoterapia Orgánica
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