Anatomía de las Emociones Básicas: Vivir sin miedo
El miedo es una emoción básica que se caracteriza por la
aversión al peligro o al sufrimiento, produciendo una sensación desagradable
que nos pone en alerta para actuar con rapidez, puede ser real o neurótica, según si la
respuesta es proporcional al peligro que nos acecha o si es desmesurada. Tambien
puede ser provocada por un hecho pasado o por uno futuro.
El miedo es un arma de doble filo, ya que por una parte nos
avisa y nos prepara ante hechos de peligro, poniéndonos en estado de alerta y
protección como nos paraliza y bloquea.
Actualmente desde la psicología conductista, el miedo se
considera que es un hecho aprendido, mientras que otras corrientes psicológicas
destacan que es una respuesta a un conflicto interno no solucionado.
Biológicamente se considera al miedo como una herramienta
necesaria para responder con rapidez y eficacia ante los peligros que nos
acechan.
Emocionalmente, se le considera como un movimiento afectivo
y una herramienta adaptativa del hombre al medio produciendo ansiedad y
angustia, ya que las personas pueden sufrirlo sin necesidad de una amenaza
inmediata.
Evólutívamente, el miedo aparece de la mano del dolor, de la
misma forma que cuando un miembro se rompe, nos produce dolor para evitar su
movimiento, el miedo nos alerta de
situaciones de amenaza aun cuando no se hayan producido.
Anatomía del miedo.
Según la Medicina Tradicional
China (MTC), la emoción del miedo se aloja en el riñón. Los riñones almacenan los nutrientes y
elementos de la médula. Una buena salud del riñón se manifiesta en unos huesos
y dientes fuertes, y en un cabello sano, contribuyen a tener una salud más
longeva y a defendernos de la climatología adversa, cambios de temperatura,
frío y humedad, también desarrollan un sistema inmunológico más fuerte y
adáptativo. De la misma forma que el miedo puede afectar al riñón, un riñón
débil puede causar episodios de miedo, ansiedad y angustia.
MEDITACIÓN SOBRE EL MIEDO
Adopta una postura cómoda, ya
sea sentado o tumbado, y tapa tu cuerpo para que no se enfrié en estos momentos
de inmovilidad.
Observa el peso de tu cuerpo…,
y adopta un estado de disponibilidad y abandono…. Observa también las
diferentes sensaciones ambientales de luz y sonido, y relaja progresivamente la
planta del pie derecho y toda la pierna derecha hacia la cadera, relaja también
la pierna izquierda. Relaja ahora gradualmente toda la columna hacia la nuca, y
el brazo derecho desde el hombro hacia la mano derecha, también el brazo
izquierdo. Siente como se relajan las clavículas y el esternón, posa tu
atención en la respiración y dirigela hacia el lugar donde la sientas natural y
espontanea.
Observa tus órganos internos
receptivos hacia las sensaciones corporales, y siente ahora la ingravidez
corporal…, siente tu cuerpo sin peso…, ligero como una pluma…, sin tensión.
Visualizate a ti mismo de
pequeño, entre seis y nueve años…, sentado en una esquina y sobre un cojín de
esta habitación…, busca un recuerdo en el que sentiste miedo, igual rompiste
algo, o perdiste un objeto de valor, o quizás la persona en la que confiabas se
enfado contigo…, recuerda…
si era un día festivo o de labor…, si te encontrabas en tu casa o fuera de ella…,
que personas estaban a tu lado, tu familia o tus amigos, y la causa que te proporciono este estado de
aflicción y miedo, visualIzate pequeño triste y desamparado…, con la sensación
de que el mundo se te caía encima.
imagínate con las manos
apretando tus rodillas y la frente hacia ellas, en posición de recogimiento, y
localiza la sensación de tensión que te produce en el cuerpo quizás sea un
cosquilleo en el estomago, o un nudo en la garganta, o una tensión en los
hombros…observa esa sensación desagradable, y familiarízarte con ella. Dirige
ahora amablemente la atención sobre la zona, e imagina que es una nube y que
con cada expulsión de aire se va disolviendo, dejando el cielo claro y nítido.
Detente otra vez en el
recuerdo e intenta escuchar las palabras que vienen a tu memoria del pasado,
detente y escuchalas, incluso igual puedes percibir rétazos sutiles del tono de
voz o del volumen. y etiqueta lo que te producen quizás sea ira, enfado,
tristeza, culpa, o miedo.
Ahora visúalizate sentado en
una butaca en el cine; siente la espalda cómoda y observa delante de ti una
gran pantalla donde se esta proyectando el
recuerdo de tu infancia, ahora concéntrate
y obsérvalo pasar como una película en calma, sin tensión
Observa e imagínate ahora tal
y como eres en la actualidad, ya adulto, con la vida cargada de experiencias, y
con las herramientas necesarias para combatir los problemas cotidianos, el
pasado ya esta vivido, entras y miras a ese niño pequeño que está en el cojín,
triste y solo, te acercas a él con cariño, lo abrazas fuertemente y lo
consuelas diciéndole: pequeño no te preocupes de nada, ya ha pasado todo, yo
estoy aquí para protegerte y ayudarte…, ahora ya nunca te sentirás solo.
Visúalizate en este momento a
ti y a ese niño saliendo de la habitación hacia la vida exterior, con fuerza y
alegría renovada para vivir el presente.
Escrito por Psicoterapia Orgánica.
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